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Financiamiento colectivo para contratistas

Financiamiento colectivo para contratistas: ¿está dejando pasar el tren?

Es difícil encontrar pequeñas empresas de construcción o remodelación usando sitios de financiamiento colectivo para contratistas, aunque ya han pasado tres años desde que una ley despejara el camino para que las empresas recaudaran fondos de pequeños inversionistas individuales a través de sitios de financiamiento colectivo (crowdfunding).

El título III de la Ley JOBS, que se implementó en el mes de octubre de 2016, permite que las empresas obtengan hasta $1 millón al año en valores tanto de inversionistas acreditados como no acreditados mediante portales de financiamiento colectivo que están inscritos con la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera (FINRA) y se registren ante la Comisión de Valores y Bolsa (SEC). El objetivo del Título III de la Ley JOBS, también conocida como la “Normativa de Financiamiento Colectivo” o “Normativa CF”, era democratizar la formación de capital tanto para pequeños negocios como para pequeños inversionistas interesados en invertir en ellos.

Democratización de la formación de capital

Esta democratización se pudo lograr de dos maneras. Primero, creó cuatro exenciones de valores que permiten que las pequeñas empresas como las de los ontratistas de construcción o remodelación obvien el costoso proceso de registrar sus valores ante la SEC si las venden en portales que están registrados con este órgano. Segundo, creó un mercado público en el que, por primera vez, las personas físicas pueden invertir en empresas de reciente creación junto con inversionistas acreditados con ciertos límites vinculados con sus ingresos anuales y patrimonio neto.

Una revisión a mediados de octubre de 2018 de los 42 portales de financiamiento colectivo que figuran en el sitio de la FINRA muestra que son distintos en términos de los tipos de negocios e inversionistas que atienden, así como los valores que ofrecen.

Por ejemplo, GrowthFountain.com permite que los emprendedores ofrezcan contratos de acciones por ingresos, además de acciones de capital bursátil dentro de sus empresas. Los contratos permiten que la empresa genere dinero con la promesa de pagar un múltiplo de ese monto durante el plazo a partir de un fondo de capital igual al cinco por ciento de las ganancias anuales de la empresa. Estos contratos podrían ser una buena opción para empresas que generan o se espera que generen efectivo, así como las empresas de responsabilidad limitada (LLC).

A cambio de una cuota de registro de $500, GrowthFountain.com ayudará a que la empresa presente todo el papeleo normativo necesario para lanzar una ronda de financiamiento colectivo y presente sus ofertas a los inversionistas. Si un emprendedor cumple con su meta mínima de financiamiento, GrowthFountain.com cobrará seis por ciento del monto acumulado como comisión. Si la ronda se queda corta, la empresa únicamente perderá la cuota de registro de $500 mientras que todos los fondos recaudados serán devueltos a los inversionistas.

SmallChange.com se especializa en ayudar a los emprendedores a que encuentren inversionistas para proyectos de bienes raíces que creen ciudades más habitables y sostenibles. Los proyectos incluyen edificios nuevos en proceso de construcción y la remodelación de edificios para nuevos usos, como es el caso de viviendas y espacios comerciales asequibles. Por ejemplo, en Pittsburgh, una sociedad recientemente recaudó $300,000 de $750,000 en deuda que necesita para remodelar el edificio de Liberty Bank del siglo XIX para convertirlo en una instalación de trabajo compartido. Una docena de inversionistas acreditados financió un crédito a cambio de un interés del 10 por ciento sobre el capital.

El auge del financiamiento colectivo para bienes raíces

Los desarrolladores e inversionistas de bienes raíces han figurado entre los principales usuarios de sitios de financiamiento colectivo, aunque gran parte de la actividad se ha concentrado en la deuda en lugar del capital. Sin embargo, los sitios de crowdfunding o financiamiento colectivo como Fundrise.com, PatchofLand.com y PeerStreet.com han prosperado en gran medida gracias a que las inversiones en deuda asegurada mediante bienes raíces son mucho menos riesgosas que comprar acciones de capital bursátil en un pequeño negocio.

Actualmente existen tantos sitios de financiamiento colectivo que compiten para contactar a inversionistas de bienes raíces con proyectos estadounidenses que The Real Estate Crowdfunding Review empezó a clasificarlos en 2015 con base en la protección que brindan a los inversionistas, la transparencia, el volumen de negocios, la estructura de comisiones, la atención al cliente, el respaldo financiero, entre otros criterios.

“Este año ha sido uno más de grandes sorpresas”, declaró el editor de sitios Ian Ippolito en su actualización de 2018 al Top + 100 de realestatecrowdfundingreview.com. “Trece sitios en los primeros 25 puestos han quedado totalmente fuera de las clasificaciones debido a que abandonaron sus modelos de negocios o enfrentaron problemas”.

Si la industria de bienes raíces es el Viejo Oeste de la industria emergente del financiamiento colectivo, el negocio de contratación residencial sería un pueblo fantasma.

Ya sea que la escasez de campañas de financiamiento colectivo para contratistas se debe a una falta de interés por parte de los inversionistas o de los contratistas de construcción, aún no está claro.

Cuando uno suma el costo de cumplir con los requisitos estatales en materia de aseguro y fianzas, así como la compra de herramientas y materiales, los negocios de contratación residencial tienen una actividad intensa de capital que debe disponer de cantidades considerables de efectivo para materiales y mano de obra durante varias semanas antes de que les paguen.

¿Qué pasa con el financiamiento colectivo para contratistas?

El publicista Howard A. Sherman sospecha que existen muy pocos casos de éxito de financiamiento colectivo para contratistas por dos motivos. Primero, tal vez los contratistas no están conscientes de que el financiamiento colectivo es una opción viable. Segundo, tal vez aquellos que lo han intentado han fallado porque no hicieron lo suficiente para atrer inversionistas a los sitios de financiamiento colectivo donde se encontraban sus campañas.

“El mayor problema con el financiamiento colectivo para contratistas es que muchos pequeños negocios tienen la mentalidad de Hazlo y la gente vendrá sola”, comentó Sherman, cuya empresa, CrowdFund Buzz, se especializa exclusivamente en ayudar a que los emprendedores publiciten sus campañas de financiamiento colectivo. “Se trata de la mentalidad del Campo de Sueños. La gente piensa: Subiré mi campaña y los inversionistas llegarán. Pasadas unas cuantas semanas o un mes, dicen, “¡Qué pasa! Solo tuve a 50 personas durante todo el mes”, y retiran la campaña”.

Comparemos este caso con el de Rick Medlen, un contratista independiente que contrató a Sherman para promover la campaña de financiamiento colectivo de GarageSkins en StartEngine tras haber recaudado sus primeros $100,000 en el sitio durante 2017. Desde entonces, Medlen ha recaudado $125,995 de otros 177 inversionistas durante una segunda ronda en el sitio. Eso lo ubica a más de la mitad del camino en su meta de $435,000 que necesita para empezar a fabricar GarageSkins, que son paneles de revestimientos de madera magnéticos que los dueños pueden colocar sobre las superficies de las puertas metálicas existentes de su cochera para embellecer sus hogares con un costo que representa una fracción de lo que costaría instalar puertas de garajes hechas de madera.

“Este es un ejemplo de financiamiento colectivo para contratistas que está teniendo un éxito rotundo”, dijo Sherman.








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